Aprovechamiento del calor de una chimenea
Un serpentín en la chimenea, vapor, una turbina y un generador conectado a la red. La idea nació en un crematorio, pero el problema lo tiene cualquiera que esté tirando calor por un tubo.

Un crematorio quema a mil grados y tira todo ese calor por la chimenea.
Ese fue el punto de partida, pero al escribir la memoria quedó claro que el crematorio no es el mercado, es el caso de uso más evidente. Una chimenea que expulsa gases calientes la tiene una fábrica de cerámica, una panadería industrial, una central térmica, una incineradora o cualquier hotel con caldera, y en todas ellas pasa lo mismo: el calor se genera, se usa una vez y se suelta a la atmósfera porque recuperarlo exige una instalación que nadie ha diseñado para ese tamaño. La invención es esa instalación. Un serpentín alojado en el propio conducto recoge el calor de la combustión sin interferir en la extracción, lo convierte en vapor, el vapor acciona una turbina y el generador vierte a la red de distribución. No hace falta ocupar suelo nuevo, ni cambiar el proceso de arriba, ni parar la actividad: se aprovecha lo que ya se está quemando.
El serpentín, no la caldera
Lo que se registra no es una caldera nueva sino la unidad que se acopla a una chimenea existente. Esa distinción es la que hace el invento instalable: quien ya tiene el horno no tiene que tocarlo, y la amortización se calcula solo sobre el equipo añadido.
De calor a red
Recuperación, generación de vapor, turbina y generador conectado a la red de distribución. La cadena completa está en las reivindicaciones, que es lo que separa una idea de una invención registrable.
Por qué salió de un tanatorio
Porque es la instalación donde el desperdicio resulta más difícil de justificar: funciona a diario, a temperatura constante, y el calor que expulsa no tiene ningún uso posterior. Si ahí compensa, en una fábrica compensa antes.

Unidad de aprovechamiento de calor residual, figuras de la memoria