Objetos impresos con cenizas de cremación
Un método para fabricar objetos por impresión tridimensional incorporando cenizas de cremación. Lo protegido es el procedimiento, no la pieza, y ahí está todo el invento.

Una urna solo puede decir una cosa, y no es la que querías recordar.
Una urna es un recipiente. Dice que esa persona ha muerto, y no dice nada más: toda una vida comprimida en un objeto genérico que además todo el mundo reconoce a dos metros. El planteamiento fue mover la emoción de sitio. Si las cenizas se pueden incorporar al material de impresión, el resultado ya no tiene por qué ser un recipiente: puede ser una pieza con una forma elegida, y ahí es donde el objeto deja de recordar la pérdida y empieza a recordar a la persona. Lo que se protege es el método, no la pieza, y esa distinción es todo el invento: el catálogo no tiene límite porque no hay catálogo. Una pieza estándar bien hecha ya funciona, pero el salto está en las personalizadas, las que reproducen algo anclado a un recuerdo concreto, un objeto que esa persona usaba, una forma que solo significa algo dentro de una familia. Entonces el duelo deja de estar guardado en una repisa y pasa a estar en algo que se coge con la mano.
Patente de procedimiento
Lo registrado es el método de fabricación, no el objeto resultante. Por eso el alcance no se agota: cualquier pieza fabricada con ese procedimiento queda dentro, y no hay que registrar cada forma nueva.
El catálogo es el principio, no el final
Las piezas estándar resuelven el caso sencillo y son lo que hace viable el negocio. Pero una pieza de catálogo sigue siendo un recipiente con mejor forma: el valor aparece cuando la pieza es específica de esa persona.
Recolocar la emoción
Es el objetivo declarado del proyecto. Un objeto anclado a un recuerdo concreto cambia lo que se siente al mirarlo, y ese cambio es la diferencia entre guardar unas cenizas y conservar a alguien.

Impresión de una pieza con el procedimiento registrado