Maceta columbario
Las cenizas en el cuerpo inferior, cerrado con tapa atornillada, y la planta encima. Cabe en una casa y no obliga a explicar nada a las visitas.

El problema de una urna no es dónde ponerla. Es que se ve lo que es.
Mucha gente se lleva las cenizas a casa y descubre que no hay ningún sitio bueno para dejarlas. En el salón convierte la habitación en un lugar de duelo permanente, y guardarla en un armario produce una culpa distinta. El objeto delata la situación cada vez que alguien entra por la puerta, y esa conversación no siempre se quiere tener. La invención separa las dos funciones en un solo objeto: un cuerpo inferior estanco, cerrado con una tapa atornillada, donde van las cenizas, y encima una maceta normal con su planta. Quien lo sabe, lo sabe. Quien no, ve una planta.
Dos volúmenes, un objeto
La tapa con tornillos no es un detalle de acabado: es lo que convierte el conjunto en un receptáculo cerrado y manipulable sin que el contenido quede expuesto al cambiar la planta o regar.
La discreción como función
No es una urna disimulada, es un objeto doméstico que además cumple esa función. La diferencia está en que nadie tiene que fingir que no la ve.
Del mismo tronco
Salió de la misma pregunta que el columbario modular y se presentó ocho días después: qué se lleva una familia a casa, y qué tiene que explicar por llevárselo.

Cuerpo inferior, tapa atornillada y maceta